Algo se quebraba, el calor de mi piel se iba poco a poco, mis latidos se hacían cada vez mas lentos y resonaban en mi cabeza, mi respiración era irregular y sentí ese sudor frió recorrerme por la espalda. Estaba muriendo.
Cerré los ojos y vi todos aquellos momentos que pase con tantas personas que había conocido, mientras mi subconsciente me decía que era momento de dejar todo eso atrás, nada importaba ya. Poco a poco los recuerdos se iban tornando lejanos y era ella quien permanecía presente, solo quería decirte que te amaba, quería decir lo siento. Y ahí estaba yo, tirado a cientos de kilómetros lejos de ti y solo podía pensar en ese brillo en tus ojos que jamas volvería a ver; pero quería una vida normal, ¿no?, tu estabas por ahí pensando en que yo me había ido con otra o que simplemente había decidido olvidarte. No tuve el tiempo de decirte lo que planeaba, lo que quería para nosotros, una vida nueva, solo tu y yo lejos de todos... un nuevo comienzo en una vida normal. Pero eso ya no iba a pasar.
Fue ahí cuando escuche esa voz:
H -¿Es acaso que le tienes miedo a la muerte?.
E.T. - No me aferro a la vida, es diferente. Viví como pude, ame como quise. Solo tienes una vida, si la vives bien, con una vez basta.
Era mi momento, creí que esta vez podría vivir mas tiempo y llegar a viejo pero, no siempre se tiene lo que se desea...
H - No tienes miedo a morir y la vida que llevabas era tu penitencia, te daré la oportunidad de regresar, pero la vida que deseas no la tendrás, acepta lo que eres y quien eres, no podrás ser amado ni amaras de nuevo. Las cosas ya están escritas, no podrás cambiar las profecías sobre ti, es tiempo de que dejes de negarte a ello...
Después de eso solo recuerdo estar atado a una cama de hospital en alguna provincia de Italia, con dos heridas de bala en el pecho mientras escuchaba a los doctores decir que tenia mucha suerte de estar vivo. ¿¡Suerte?!, esto solo era el comienzo de un problema más.
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